Del libro : Tu eres Dios 5 abril, 2018 – Posted in: Recordatorios

Tú eres Dios! Si pudieras descubrir por un momento tu identidad divina, todos tus problemas se acabarían.

Dejarías de ser una minúscula bolsa de carne, vísceras y huesos perdida en la inmensidad del universo y condenada a una rápida desaparición.

Dejarías de ser la insignificante criatura de un más o menos benevolente Monarca Absoluto del Cosmos.

Dejarías de ser un individuo vulnerable y limitado que necesita luchar contra los otros para poder sobrevivir.

 

¿Y en qué te convertirías exactamente? ¿En un ególatra insoportable, consciente de su superioridad divina?

No, en absoluto. Porque yo también soy Dios. Y también lo son tu vecino, tu jefe, tu mejor amigo y tu peor enemigo.

Ser Dios no es algo que nos vaya a permitir multiplicar nuestro egoísmo al infinito. Más bien, es justamente nuestro egoísmo el que nos impide ser Dios.

Para descubrir nuestra realidad divina no necesitamos emprender ninguna búsqueda ni ir a ninguna parte.

Dios no está escondido ni separado de nosotros.

Lo único que debemos hacer es derrumbar los muros que hemos construido a nuestro alrededor.

 

 

Sólo hay una cosa que en verdad importa ―¿estás expresando amor ahora mismo?. El amor lo legitima todo.

Cuando amas, revelas tu verdadera naturaleza Cuando amas es cuando mejor expresas tu esencia Divina.

Cuando amas, vives tu Divinidad traes a Dios a nuestro mundo.

 

No necesitas ni podrás nunca obtener amor.

Y no es amor cuando das para recibir a cambio algo que deseas o para acumular buen karma.

La razón por la cual necesitas expresar amor es que cuando amas, la sutil vibración energética que emites es la expresión de tu verdadero ser.

Al expandir el amor, llegas a conocer tu verdadero ser, un ser que se encuentra más allá de las limitaciones de la forma y que abarca mucho más de lo que puedas imaginar…

 

No podemos amar de verdad sin experimentar nuestra Unidad.

Y para ayudarnos a aprender a amar de verdad, podemos empezar por intimar con Todo Lo Que Es, es decir, actuar sobre nuestra Unidad con aquello que esté presente viviendo esa unidad al amar todas las cosas, y abriendo nuestro corazón a sus dones. 

Nuestra Unidad es nuestra realidad. Pero necesitamos actuar sobre esta realidad para poder experimentarla.

Así es como acabamos con la ilusión de la separación.

 

Que nuestra oración sea por la Intimidad Inmediata.

Que seamos capaces de sentir nuestra Unidad y la realidad de la esencia de nuestro amor, en cada momento, con cada persona, con cada cosa, con cada experiencia.

 

La Intimidad Inmediata significa aceptar a cada persona, situación y experiencia sin el peso de nuestro condicionado pasado, sin nuestro bagaje personal.

Significa dejar a un lado los juicios y relacionarnos con los demás sin miedo, sin la necesidad de ser más fuertes ni mejores que los demás ni de controlar el encuentro.

Significa ir hacia el otro sin necesidades ni limitaciones de ningún tipo. Y significa abrirse a todo lo que el momento presente nos pueda traer.

 

Seamos abiertos y vulnerables, y estemos dispuestos a aceptar incondicionalmente cada parte del Único Ser.

Recibamos a todo el mundo y a todas las cosas con una disposición para amar de la forma más elevada posible.

Así es como expresamos nuestro Ser Divino en la tierra.

Y ésta es la razón de nuestra existencia humana.

 

Si no podemos abrirnos realmente a los demás, limitamos el amor que podemos expresar.

Si no podemos intimar con las variadas formas de nuestro Único Ser, no seremos capaces de conocer nuestros muchos rostros.

Estemos dispuestos a amar al desconocido con la misma intensidad y deleite que sentiríamos al reencontrar a un hermano perdido, porque ese desconocido es nuestro hermano perdido.

Perdido porque pensamos que era un desconocido, encontrado porque ahora recordamos aquello que nos une.

 

Los ojos son una maravillosa vía para experimentar la Intimidad Inmediata.

Pueden expresar amor auténtico con más claridad que cualquier palabra. Al mirar a un desconocido a los ojos, podrás intimar de golpe con él.

Al mirarse a los ojos, caen las máscaras. Al mirarse a los ojos, tu «yo» encuentra a su «yo».

Cuando miras, cuando realmente miras a alguien a los ojos, ves a tu Ser que te devuelve la mirada.

En un encuentro auténtico, sois una sola presencia.

 

Cuando le hablas a otro, le hablas a Dios, porque aquí sólo está uno de nosotros.

El Padre dentro de nosotros es el Yo que hay detrás de cada ojo.

 

Del libro, «tu eres Dios»